Tuvo una rara sensación, como si cientos de pares de ojos lo estuvieran viendo y reprobando por lo que iba a hacer. Mil ideas se agolparon de repente en su cabeza, una mas disparatada que la otra, mientras ella, que parecía mas blanca y mas pura aún, sentía el temblor y el sudor de sus manos.
En un instante dos gruesas lágrimas rodaron por la cara de Juan nublandole la vista, encharcando la blanca hoja donde en forma borrosa se leía, Sr. Juez.
Tinta Roja
Excelente escrito, TR. Reflexivos, como siempre, y tocando temas muy actuales. Enhorabuena. Saludos.
ResponderEliminar¡Plas!plas!plas!!!un abrazo.
ResponderEliminarMagnifico escrito, y me queda la duda, es la confesión de algo que le corroe el alma o explicación de un suicidio, o ambas.
ResponderEliminarBesos
Hola amigos gracias por pasar, y me honran con sus comentarios.
ResponderEliminarNos quedaremos con la intriga de las palabras que seguían a la salutación, tal vez con ellas comprenderíamos el por qué de tanta turbación.
ResponderEliminarSaludos
Hola Canoso, iba irremediablente hacia su final.
ResponderEliminarUn abrazo